Espontaneidad colectiva

Espontaneidad grupal en las escenas psicodramáticas.

En la formación en psicodrama se habla con frecuencia de la espontaneidad como un recurso útil en la composición de escenas y en el desarrollo de los juegos dramáticos. Ser o no ser espontáneo, permitirse ser espontáneo, aprender a ser espontáneos se vuelven interrogantes comunes durante el trabajo de formación en los grupos. Pero en estos planteos ya es posible entrever los filos de una encrucijada. Entender la espontaneidad como una cualidad de la que somos portadores o potenciales portadores -previa ejercitación- sería reducir la cuestión a una instancia ontológica y meramente individual. Desde esta mirada la importancia recaería en las virtudes o falencias personales o en el cúmulo de experiencia por adquirir, a la hora de pensar las potencias creativas que se ponen en juego en los encuentros. Pero intuimos que el problema tampoco en este caso se dirime bajo la fórmula del 1+1.
Otra vía de entrada a esta problemática podría ser plantear la espontaneidad como diferentes “máquinas-entre” que pueden operar en la inmanencia del grupo. Es decir, la composición de modos colectivos que funcionan entre los miembros y ya no como una cierta cualidad del yo o los yoes allí reunidos. Serían entonces estas máquinas-entre las que producen modos singulares de estar/ habitar el espacio psicodramático siendo las mismas, definidas constantemente en el encuentro con otros. Siguiendo esta línea, en la improvisación de escenas, las “máquinas-espontaneidad” se producen a partir de aquello que pasa entre los que están participando de la dramatización y quizás también de lo que pasa entre actores y público. Es en el aquí y ahora de los encuentros, como capacidad de afectar y dejarnos afectar por los otros donde es posible aumentar nuestra potencia creativa. Salir a dramatizar espontáneamente es antes bien estar “presentes”, dejarnos afectar por los otros y por lo que está ocurriendo allí, en otras palabras, componer en el encuentro. Estar atentos a lo que vamos sintiendo, al cuerpo de nuestros compañeros, a resonar con las palabras y movimientos que nos proponen. Habitar la escena intentando estar permeables a los contactos y a los desvíos. Porque es a través de estas conexiones sensibles que un tercer cuerpo o máquina-entre puede producir líneas de espontaneidad en el grupo. Ya no se trataría de subjetividades de por sí espontáneas que se irían sumando a un todo colectivo, sino de una multiplicidad de maquinaciones que se componen “entre” y que no pueden adjudicarse a alguien en particular. En este sentido, lo que muchas veces se vivencia como un salto al vacío o un estado de caos o incertidumbre individual puede ser experimentado también como la instancia donde podemos inventar con otros nuevos recorridos en la escena. Gestos, posturas corporales, un sonido, una palabra pueden llevarnos en direcciones impensadas. “Dramatizar es echar a rodar algo, abrir una puerta, sorprender al cuerpo y desatar a la palabra”.
De igual manera ocurre en las escenas individuales durante la multiplicación dramática. Aunque salgamos solos a escena y sin una idea “clara” de lo que queremos dramatizar, es a partir de las resonancias con las escenas anteriores o simplemente la conexión con eso que estamos sintiendo en ese momento en el escenario frente a la mirada del grupo (y que era imprevisible un instante antes) lo que puede maquinar líneas inéditas y espontáneas.
Asimismo, el funcionamiento de estas máquinas supone una operatoria que involucra contagios y vecindades, son devenires intensivos en la mezcla con otros. No hay acuerdos tácitos o rápidas especulaciones interpretativas, es el cuerpo a cuerpo como co-incidencia sensible entre multiplicidades lo que puede arrastrarnos como a Alicia, del otro lado del espejo. Desde esta propuesta, la espontaneidad grupal refiere a estas composiciones pre-individuales y no-subjetivas que circulan por los trazos esbozados en la escena. Máquinas deseantes que aumentan nuestra potencia inventiva en la micropolítica de los contactos.
Las preguntas por el “ser espontáneo” como cualidad de una esencia trascendental que se tiene o se puede adquirir pierden asidero bajo esta otra imagen de pensamiento. La cuestión se plantearía en esta línea desde la posibilidad de devenir espontáneo en la conexión con otros, devenir otro en cada encuentro. Así, “entrenar” la espontaneidad estaría ligado a la capacidad de afectar y dejarnos afectar en la vivencia grupal a partir de las máquinas singulares que inventemos juntos.

Lic. Paola Gracioli

Fuente de la imagen:Flickr CC