Taller de Teatro Espontáneo

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Taller de aproximación al dispositivo de Teatro Espontáneo, indagando en la estética y la ética de este modo singular de creación colectiva.
Metodología de trabajo: Dinámicas de improvisación, lúdicas, psicodramáticas, sensoperceptivas. Encuadre grupal.
No se requiere experiencia previa.
Tres horas de duración.

Coordinación: Lic. Paola GracioliPs. Oscar Bureau
Informes e inscripción

Tel (0341) 435 6321
o centropsicodrama@gmail.com

o completando el formulario de consulta

HORARIO: Sábado 06 de Julio de 10 a 13 hs.

La Escena como Producción Estética

Por Adriana Zambrini y Daniel Vega

¿Qué trabajamos en una escena? ¿Los conflictos, los fantasmas…? Ahora, estos  ¿no son ya productos?

Si planteamos que los conflictos y los fantasmas ya son productos, quiero decir, que están normalizados, codificados, institucionalizados, éstos son representaciones y por lo tanto, pasibles de ser representados en una escena.

Pero ¿no son justamente por eso las normalizaciones, las formalizaciones del malestar que la institución prevé y puede controlar ?

Si fuera así podríamos haber actuado coayudando a normalizar un conflicto, a formalizarlo, a mayorizarlo. De este modo estaríamos operando sobre el plano de organización, tarea que en algunas circunstancias permite crear líneas flexibles que desmonten la rigidez de los enunciados como también, la captura de los cuerpos. Este movimiento no alcanza si sólo nos quedáramos en ello, para construir relaciones nuevas aún entre los mismos elementos.

Por eso nos planteamos componer con la potencia del arte, que radica justamente en la operación inversa: desformalizar las representaciones para liberarlas de significaciones únicas autorreferenciales.

Poner de manifiesto las potencias del devenir, crear nuevas representaciones móviles e inesperadas. Un modo de renunciar a la repetición tranquilizadora de lo Mismo, y abrirnos a lo incierto de lo otro.

Devenir minoritario a partir de variaciones singulares que fugan del patrón.

Presentificar las fuerzas presentes aún no formalizadas y a partir de variaciones o multiplicaciones crear otros sentidos.

Más que representar historias crear las condiciones para inventar historias.

“ la función del psicodrama no es la de interpretar los sueños, sino en crear las condiciones para que los hombres vuelvan a soñar “ Moreno.

* “ A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo

Borrarán las huellas. …” Galeano

“ A los acontecimientos los produce el viento “ Deleuze

Pensaba que de tanto andar los “mismos” (eso creemos) caminos, en algún instante se produce el “ paso en falso” o el “falso” paso. Crear simulacros, allí donde Nietzsche encuentra “la potencia de lo falso”, en tanto lo producido se desvía de la copia.

Quedamos en “out side”, sancionados, fuera de juego, o mejor aún, en otro juego existencial.

Nos abrimos a nuevos relaciones, se metamorfosea el juego, éste es el primer paso que por desterritorialización y reterritorializaciòn, inaugura otro territorio.

Devenimos otros en otros juegos, casi sin percibirlo estamos en otras travesías.

Y no es Margarita que se convierte en Margot, ambas están tomadas en la misma línea, en el mismo agenciamiento, progreso o caída.

Creo que lo difícil, lo apasionante, el arte en la vida y en la coordinación de un grupo , es esa percepción, ese darse cuenta, de cuándo bajo la apariencia de un desvío, se camufla una defensa ante los vientos del acontecimiento que nos aguijonea.

Acontecimiento que se produce tanto en un movimiento grupal, con la lectura de un escrito, con el encontrarse diciendo otra palabra en una resonancia…….

Creo que muchas veces en que nos encontramos traduciendo, trayendo lo novedoso hacia nuestros esquemas familiares, lo hacemos para sentir la seguridad de pisar tierra conocida, y evitarnos la aventura de andar “ sin sentido”. Dice Deleuze que el mundo es interesante cuando deviene signo, ese afecto siempre del afuera que irrumpe en la monotonía de lo previsible, haciendo que un virtual, una intensidad, se actualice en la realidad siempre cambiante. Ya nada es lo mismo.

A muchos de los que transitamos los grupos tal vez algo de esto nos ocurra. (Sobretodo a los que tienen alguna experiencia grupal).

¿Como producir el tajo en ese encuentro? ¿Cómo estar en el lugar del coordinador vulnerable, de sujeto larvario? ¿Por qué en el instante del tajo que produce el acontecimiento podemos dejarnos llevar, o por el contrario, intentar suturarlo al poner el temblor solo del lado del otro?

Son interrogantes que nos surgen, y nos parece que sostenerlos es un modo de evitar ser repetidores o transmisores de lo establecido.

* Tal vez una cuestión es esta, tenemos un modo de entendernos con el mundo que esquemáticamente podemos plantearlo como un camino de evolución: primero un acercamiento empírico y sensitivo (olfateo, toco) y luego un acercamiento abstracto ( miro, analizo, pienso) para después con esos datos procesados, intervenir. Si podríamos fugarnos de ese modo y estar, habitar, un plan de experimentación, donde el mirar no sea exclusivo de la vista, el oír del oído y el tacto de la piel, y podamos sentir con la mirada, oir los colores, ver las fuerzas con la piel. De este modo componemos un plano de consistencia en donde en donde se expresa la singularidad para componer y relacionar los elementos, que van dibujando un campo de fuerzas e intensidades.

Una desterritorialización de los sentidos y del pensamiento. Tal vez a partir de esta desjerarquización de un modo de comprender, podamos fluir en medio de esa complejidad que es la vida, inclusive pasando por algunas instituciones, que tendrán otros flujos más…lentos, mas duros…

*

Partiendo de la idea de que la mayor parte de nuestra vida podríamos transitarla por instituciones duras, se me plantean los siguientes interrogantes: ¿ En el capitalismo, es posible la poética. ? y ¿ este interrogante qué efectos prácticos produce en nuestro cotidiano ?

De una manera muy general entiendo que el capitalismo produjo una desterritorialización de los flujos capturados por el modelo despótico-real del feudalismo. Pero como una contradicción propia de éste modelo, impulsa por un lado sus flujos al límite, y por otro los interrumpe al capturarlos, al reterritorializarlos en el régimen burgués. Convoca al deseo para luego axiomatizarlo, y de éste modo poder controlarlo.

La propuesta es entonces la desterritorialización, la descaptura, la liberación de esos flujos recapturados, para reterritorializar en agenciamientos que compongan redes de conexiones múltiples.

De este modo, el plano de representación produce nuevas representaciones móviles y cambiantes que nos abren a una multiplicidad de sentidos. El contrapunto con la realidad deja de necesitar identidades fijas, para devenir una red de conexiones inéditas.

Es el esquizo, el revolucionario quien hace pasar esos flujos, quien escapa a la captura de la edipidización, quien traza una línea de fuga, quien “ ….hace un tajo en el cielo de las representaciones establecidas, haciendo pasar un rayo de caos….“ ( laurence).

De ahí la propuesta del Esquizoanalisis., de cartografiar las líneas de una vida…..

Una línea de fuga debe tener intensidad, fuerza, debe ser una máquina de guerra en sus comienzos. Pero si no encuentra la posibilidad de crear un plano de consistencia mínimo, una reterritorialización ,una recodificación , un cambio de régimen de signos, se vuelve línea arrojada al vacío, la locura , la muerte.

El neurótico sería aquel que no “atravesó la pared,” que choca y vuelve.

En la misma malla que captura, hay intersticios, hay bordes por donde escapar de la captura significante.

El arte, como creación de nuevos mundos, como acto poiético, tiene la potencia de descapturar, de desterritorializar flujos de intensidades y hacerlos pasar por esos bordes, por esos intersticios, inventando, amplificando nuevos mundos. El arte como la acción creadora que hace, de los elementos funcionales a un territorio, medios de expresión y construyen “paisajes melódicos” que crean nuevos posibles.

El arte como el tajo en el cielo de los significantes establecidos, el artista como el puñalero… Siempre hay una grieta. O mejor aún creo que la grieta la producimos cuando pasamos.

Tal vez sea el inicio de un proceso.

El sentir, el afectarse y afectar inician un proceso en el cual el pensar y la acción componen un movimiento común. Un contrapunto que deviene un ritmo existencial. Un ritornello.

Uno puede pensar y actuar en base a conceptos apropiados, que no es otra cosa que hacer propios, incluir en la propia máquina esos conceptos de otros, que tal vez hasta cambien de naturaleza, siendo la punta para la creación de otros nuevos. Conceptos, ideas, enunciados siempre colectivos, que se mezclan y se metamorfosean entre sí, modelando nuestra superficie de subjetivación.

Sólo pensamos a partir de una afectación, de lo contrario el pensamiento reflexiona y vuelve sobre sí mismo en una repetición sin diferencia. Cuando nos dejamos afectar por los signos, el pensamiento es violentado a pensar lo aún no pensado. Habitamos así, nuevas semióticas que nos abren a una multiplicidad de sentidos. Pensar y sentir, dos naturalezas que se desterritorializan y reterritorializan una en la otra. No hay una dicotomía mente cuerpo, sino por el contrario una implicancia en permanente devenir.

Cuando el cuerpo se abre a la experimentación, la conciencia deviene una cabeza buscadora.

Suelly Rolnick, Nietzche, y el tango lo plantean: Solo piensa profundo quien siente hondo.

¿Se puede pensar que habría un real velado, significado e imaginarizado? ¿Un real fallado, o un real a producir?

Un real, un afuera que es la multiplicidad misma de la potencia, un virtual que espera ser actualizado. Lo intempestivo.

¿La neurosis como tramas de significantes, de imágenes, de sentidos que insisten en la repetición de lo mismo?

* Recordaba el cuento “las mil y una noche “, donde “la verdad“no está en cuento alguno, sino en la demora del próximo. La verdad inasible entre la vida y la muerte. Suma de todos los cuentos.

Las escenas relatadas, las vistas, las vividas se multiplican en mi cabeza en otras y así al infinito. Nunca se llega a la “ verdad “ .

Como “ Las mil y una noche” , que eran “ mil y una “ porque en esa época el número mil era inimaginable, entonces mil y una eran más allá de lo imaginable.

Salud mental, arte y naturaleza. Del barro venimos y al barro vamos. Es probable que andemos el camino embarrados, siendo materia moldeable para otros, o que los estremecimientos de la vida nos sacudan las formas cristalizadas en nuestro cuerpo. (individuación. Simondon)

Deleuze nos dice, lo importante es el medio, ni el principio ni el fin, el camino. Como lo andamos.

Y nuestro andar, nuestras demoras, nuestra cadencia, nuestras velocidades, son nuestro arte

Nuestra estética cotidiana es nuestra forma de afectarnos y de afectar a otros, nuestra manera de encontrarnos, de entrar en complicidades. Nunca será gratuito, toda implicación tiene consecuencias. Cuando me afirmo en mi modo de andar la vida, decido unas cartografías por sobre otras, mi cuerpo junto a otros inventaran lugares por donde pasear, podrán ser expulsados, recuperados, ordenados, tabulados, estudiados……deberíamos encontrar por donde fugarnos, o mejor inventar ese otro camino aun no existente.

Si acepto el rótulo puedo circular gratis, sin responsabilidad. Pienso cuántas veces en la vida se plantea la misma encrucijada.

El invento artístico muchas veces esta en el modo de agenciar un territorio existencial para construir un plano de consistencia donde pudieran transitar las infancias, las historias, los cotidianos y los sueños.

Nos hallamos en el pasaje de una época, la modernidad, a otra, llamada por algunos posmodernidad. Este pasaje nos encuentra en una geografía y un momento histórico singular, con la inclusión de nuevas voces sociales que producen sus propios movimientos, muchas veces inéditos. Aparece un cuerpo colectivo que deviene sujeto de una biopolítica que produce sus propios enunciados, desestabilizando certezas que parecían inamovibles.

Pasar de un biopoder a una biopolítica.

En un momento de nuevos territorios existenciales, surge la necesidad de pensar otros modos “del ser con otros”, como dice Guattari, nuevas maneras de implicarnos como elementos activos de la naturaleza. De sentir y pensar.

La realidad, siempre móvil y cambiante, hoy nos enfrenta a otras preguntas y a crear otras respuestas que incluyan a la vida como eje y no al interés.

¿Podremos liberar al poder de la potestad para que devenga potencia?

¿Cómo desterritorializar entonces, al socialismo de los socialismos reales conocidos, para recuperar o mejor aún, para una nueva potencia?

Estos interrogantes convocan nuestros sentires, nuestros saberes a un trabajo militante de resistencia, esto es, en la creación de microterritorios productores de subjetividad.

Microterritorios donde se puedan desinvisibilizar los procesos de captura en las significaciones hegemónicas, la desnaturalización de los procesos de violencia y deshumanización, la invención de otros sentidos.

¿Cómo? hay algunas ideas, trazos, líneas, con las que se van bosquejando, componiendo “dispositivos fechados”, situacionales, para un entre nosotros, aquí y ahora.

Una ecosofía, nos propone Guattari.

Nos estamos perdiendo el mundo, nos advierte Deleuze.

Pavlovsky nos plantea una ética del acto.

Nosotros nos proponemos una ética de la acción. Una inmanencia de la acción, de presencias implicadas en un aquí y ahora entre nosotros, creación de microterritorios existenciales donde se habiliten nuevos juegos, nuevos modos de relación, nuevos otros.
Fuente de la imagen:Flickr CC

 

 

Estéticas y Políticas de la Escena

Estéticas y políticas de la escena (*) Equipo de Coordinación Centro de Psicodrama Grupal Rosario: María Laura Colao, Silvia Ghione, Paola Gracioli, Oscar Bureau, Daniel Vega

En nuestro trabajo con grupos, tanto en las intervenciones como analistas institucionales, en instituciones de salud y educación, en colectivos sociales, en espacios de formación y de análisis sobre la tarea, lo que nos implica, nos afecta y nos provoca pensar es un fuerte interrogante que sobrevuela y subsiste como clima, como paisaje, pero que cautelosamente se va abriendo paso entre las preguntas técnicas con las que se inicia el encuentro, hasta quedar expuesto, latiendo desnudo ante todos.

Es el interrogante sobre la vida, y más precisamente sobre que vida estamos viviendo.
Despojados de discursos escencialistas y finalistas, y por lo tanto desamparados de toda determinación y destino a realizarse en el cielo o en la tierra, esta pregunta nos lanza a vernos como constructores de nuestra existencia.

Interrogarnos sobre la vida, desde esta posición de constructores de nuestra existencia, nos impone abandonar el camino que nos lleva a la reducción en su dimensión técnica del complejo proceso de producción de subjetividad inmanente en cada práctica, cuyas consecuencias son la fragmentación, un empobrecimiento subjetivo, y la producción de saberes “disecados”, separando la vida del mundo y al Ser del hombre.

Retomando algunas ideas esbozadas en otros trabajos, podemos plantear que en todo proceso de producción, siempre colectivo, múltiple y heteróclito diferenciamos por lo menos cuatro dimensiones: la dimensión teórico/técnica, la dimensión política, la dimensión ética y la dimensión estética.

La dimensión teórica-técnica, es el bagaje de conocimientos que nos posibilita seleccionar los métodos, diagramar los encuadres y elegir las técnicas.

Bagaje que de acuerdo al grado de apertura que él mismo se permita, y a la sensibilidad y flexibilidad para incorporar modificaciones a partir de la experiencia, tendrá la movilidad y la vivacidad inherentes a la producción de inteligencia, a la aventura del descubrimiento, al desafío de la invención, o por el contrario se rigidizará en muecas y contraseñas tribales, movimientos rituales y discursos dogmáticos que lo transformarán en un pesado aparato teórico con el que hay que cargar, en vez de una máquina teórica que nos permita trabajar la realidad.

Creemos también que toda acción, todo discurso, todo gesto forma parte de una estrategia en relación a objetivos y fines, sabidos o no por el sujeto, con relación a otros sujetos u objetos, que a su vez tienen los suyas, que se oponen, se complementan, se articulan, construyendo una trama y generando una dinámica que lo excede y lo desborda continuamente, al mismo tiempo que no deja de afectarlo. Esto es así tanto para el sujeto singular, como para los sujetos colectivos. Es el plano de la organización, del conflicto entre sujetos, estamos en la macropolítica. Pero también hay un plano intensivo, de líneas, de fuerzas, de umbrales intensivos, que fluyen, componen cuerpos acá, descomponen otros allá, atraviesan, fugan, son “preindividuales”, moleculares

Seguir estas líneas, cartografiarlas es un trabajo micropolítico.

Una dimensión escamoteada y negada es la Ética. Muchas veces se plantean cuestiones morales, que entran a tallar en relación a La Moral, siempre trascendente. La ética tal la entendemos es más bien una cuestión física, de relación de cuerpos e intensidades, de evaluaciones inmanentes, situacionales.

Marca los umbrales de mutación de un ser.

La dimensión ética y la dimensión política así entendida están estrechamente ligadas a una estética, entendida no solo como los patrones de organización perceptual de las formas, del espacio y del tiempo, sino también como las afectaciones de un cuerpo sensible, vibrátil, provocando diferentes intensidades, produciendo componentes semióticos no lingüísticos.

Expropiación de la dimensión estética

En las sociedades actuales esta dimensión esta en gran medida confinada al mundo del arte y de los artistas, como un campo especializado y diferenciado de la vida comunitaria, es decir de “lo común” en el estar con otros. Esta dimensión estética como capacidad humana, que progresivamente se ha ido desactivando en el mundo contemporáneo, redunda en una política del deseo que deja afuera “la participación de la subjetividad en el proceso de creación y transformación de la existencia”.

Siguiendo este planteo lo que esta dimensión estética nos permite captar en nuestra aprehensión del mundo son las “sensaciones”, las cuales se configuran más allá de la percepción –que sólo alcanza lo visible- y del sentimiento –que sólo habla de nuestro yo. Cuando se produce una sensación nos incomoda porque no se amolda al mapa de sentido del que disponemos, y de esta manera nos fuerza a la invención de nuevos modos de expresión y “desciframiento” de estos signos inéditos.

Esta política del deseo nos propone un modo de existencia donde lo que está en riesgo, marchitándose, es nuestra potencia de variación, es decir, nuestra capacidad de intervenir en la invención de nuevas coordenadas para la vida junto a otros.

Pensar entonces como desafío, que las experiencias grupales de Psicodrama pueden operar como líneas de reapropiación colectiva de esta dimensión estética de la subjetividad, brindando condiciones de producción para que otras formas de vinculación con el mundo y con otros sean posibles. El psicodrama como un oficio de artesanos donde la materia prima sean unos cuerpos porosos insuflados de deseo, donde la “vulnerabilidad” hacia el otro nos pueda inocular de alegres estridencias en una apuesta para que sea la vida como potencia de diferenciación -y no solo como formas instituidas de organización– lo que prevalezca en los encuentros. Esto implica entender al otro como un campo de fuerzas capaces de aumentar nuestras posibilidades de acción, un encuentro con lo irreductiblemente otro desconocido en los otros y en nosotros mismos. En este paisaje, no hay siluetas definidas a priori, no hay contornos ni imágenes acabadas, el otro es presencia viva, y el encuentro, la oportunidad de cambiar las reglas del juego social.

Podríamos pensarlo como un cambio de “paradigmas”, pasar de un “paradigma técnico-científico” que en realidad es tecnocrático-positivista a un “paradigma ético-estético”, es decir a una implicación micropolítica y una actitud creativa situación a situación.

Zarandeando la ya bastante reeditada proclama de las vanguardias estéticas del Siglo XX, diríamos que más que acercar el arte a la vida, podríamos intentar activar lo que de “artistas” anida en nuestra existencia colectiva. La capacidad de imaginar, de afectarnos, de inventar, de experimentar nuevos recorridos es desde nuestra perspectiva una potencia de “lo común” y no un patrimonio exclusivo de una esfera social consagrada. En esta raquítica era de los especialistas, es frecuente el “yo no sirvo para esto”, no soy pintor, actor, músico, no soy el Che ni el Subcomandante ni tantas identidades hechas monolito para encorsetar la existencia, dejándonos la mayoría de las veces con el gusto amargo de la impotencia y/o con la mirada fascinada del vouyear.

Si pensamos la práctica del Psicodrama como campo de experimentación -como uno de los posibles dispositivos de reapropiación de la dimensión estética en los procesos de subjetivación- donde cuerpos, decires, intensidades, escenas, argumentos, vibraciones se ponen a danzar juntos, los acontecimientos estéticos que allí se produzcan serán entonces irreductibles a “la profundidad” de los sentidos. Una apuesta podría ser ¿Cómo vamos componiendo un juego colectivo que “nos arranque del reino de la metáfora y la representación y nos sumerja en la seducción de las metamorfosis”? ¿Cómo ir desollando nuestras pulcras y mimadas identidades para dar paso al encuentro de nuestras fuerzas vitales?

Avatares grupales y transmigraciones en la escena

Resulta habitual, desde diferentes líneas de pensamiento, entender la participación de un individuo en una experiencia grupal/colectiva como un tránsito en el que el sujeto está compelido a renunciar a ciertas características individuales, distintivas de un Yo estructurado tomado como punto de partida. Desde estas perspectivas la singularidad de una persona se ve en cierta medida diluida, amenazada al momento de su “inclusión” en la vida grupal.
Otro camino para pensar esta aparente encrucijada de lo colectivo es partir de los procesos de subjetivación que vamos atravesando a lo largo de la vida, los cuales involucran siempre composiciones heterogéneas y polifónicas. En estos procesos van coexistiendo líneas pre-individuales –propias de las experiencias más tempranas del niño, ese universo de percepciones precoces de intensidades, aceleraciones, lentificaciones, temperaturas– con otras líneas más estructuradas ligadas a las axiomáticas de la lengua y la diferenciación corporal.

Convergen así en el seno de la subjetividad dimensiones semiológicas a-significantes y pre-verbales –anteriores a las posiciones de sujeto-objeto, masculino-femenino- con aspectos individuados producto de las experiencias posteriores del sujeto.

En esta vertiente, entonces, no tendremos como punto de partida a un sujeto ya estructurado, sino más bien una composición de líneas donde lo pre-individual y lo individuado cohabitan el paisaje humano. Y es desde esta existencia hojaldrada que participamos de experiencias colectivas.

Podemos ir más lejos y decir -siguiendo la tesis del filósofo francés Simondon- que es justamente en la vivencia del estar con otros donde se abren instancias privilegiadas para nuevos procesos de singularización, donde esos elementos no individuados pueden componer figuras inéditas. En palabras del filósofo “lo colectivo no perjudica, no atenúa la individuación, sino que la persigue, aumentando desmesuradamente su potencia”. Es en el actuar conjunto, en la multiplicidad de voces, donde la singularidad, nuestra potencia vital, se nutre y afirma permanentemente.

Este recorrido nos lleva nuevamente a los modos en que se configuran los encuentros, al umbral de exposición a la alteridad que nos permitimos a la hora de componer/crear con otros. Y las posibilidades nos van tensando, por un lado, hacia aquellas escenas -tan conocidas- donde nuestras atrincheradas personalidades se dan cita, argumentando consistencia subjetiva desde un modelo identitario, el “yo-yo”, y guiados muchas veces por el miedo a perdernos en el otro, a perder el “mí mismo”, esa querida propiedad privada. Pero también están aquellas otras escenas que podemos habitar a partir de los contagios, las mezclas cómplices, la maquinación poética; en éstas nos volvemos un poco irreverentes con las buenas costumbres, nos auto-convocamos a hacer cuerpo con otros, a perdernos juntos, a componer un nosotros que va latiendo en ese entre.

Porque el grupo crea un espacio “entre”, que construye cuerpo al desplegar potencia, afirmando lo múltiple, y al mismo tiempo la posibilidad del “nosotros”. El nosotros manifiesta que hacemos “con” otros, que están presentes como existencia viva. Entonces, ya no se hace desde el yo, identidad en la que tendemos a afirmarnos, sino que se vibra con los otros en el encuentro mismo. La primacía de lo sensible y la afectación consecuente del encuentro, posibilita que lo inmanente se haga cuerpo.

Psicodrama, dramatización, presentificación de las fuerzas.

En el abordaje dramático conviven dos modos de lectura posibles sobre la escena. Uno más ligado a la escena en tanto representación, delimitando argumento, personajes, roles, lugares, tiempo, paisajes, etc.; y otra más conectado con el devenir de las fuerzas en juego en esa experiencia, la escena como producción inmanente, en tanto acontecimiento. De allí que el cuerpo en escena vibra, transpira, se agita, se emociona, fluye, palpita, deviene. A la par, a través de los doblajes, soliloquios, entres, etc., se van desplegando nuevas formas. La potencia colectiva posibilita que el cuerpo maquine con otros cuerpos en una producción vital, proveyendo otra estética, signada por la multiplicidad.

“Qué vida estamos viviendo…”

Implicados en nuestras experiencias como colectivo de coordinación del Centro de Psicodrama Grupal Rosario, intentamos sostener la interrogación sobre nuestro hacer, en los espacios en los que estamos operando, de modo individual, co-coordinando, siendo parte de un equipo o inmersos en las situaciones más abiertas de cualquier institucionalidad de lo grupal…

Se trataría de pensar si, “con las mejores intenciones” pero sin percibirlo, estamos enunciando y/o generando acciones, que renuevan el contrato con los modelos como ideales trascendentes. Al estar como docentes en un espacio de formación, ¿cómo transmitir un modo de hacer sin que sea tomado como “el patrón psicodramático” a seguir, obturando la singularidad de cada quien en la apropiación de la herramienta?
¿Cómo encontramos formas que permitan la producción contemplando las múltiples diferencias que nos habitan a los miembros del equipo?

Estos interrogantes nos impulsan, nos aguijonean, y vamos siendo, ensayando, probando modos de ser.

La modalidad de organización cooperativa ha sido el ensayo que permitió componer la heterogeneidad de: años de práctica y proceso vital, recorridos teóricos, experiencias de intervención, ámbitos concretos de desarrollo profesional del equipo docente.
Intentamos trasladar estos modos de estar al proceso de enseñanza /aprendizaje y al trabajo en común con otras organizaciones, colectivos, grupos experimentales, amigos.
Los procesos grupales nos interpelan permanentemente. De igual manera los diferentes acontecimientos socio-históricos con los cuales tenemos que entendernos en la realidad latinoamericana en la que habitamos.

Nos vimos forzados en diferentes momentos a pensar y reformular el dispositivo de transmisión que permitiera sostener el proyecto, atravesando las vicisitudes producidas por las severas crisis sociales, económicas y subjetivas que ha enfrentado nuestro país.

Lo social-histórico impregnado, hecho carne en escenas de violencia institucional, exclusión, éxodos, desamparo y nuestro desafío constante de intentar dar cabida a estas conmovedoras experiencias. Muchas veces a tientas, balbuceando, con el anhelo de que estos malestares pudieran circular y a la vez ser transformados en materia prima del proceso de formación. Habilitando potencialidades y nuevas formas para pensar e intervenir en la complejidad de los escenarios cotidianos por los que transitábamos.

Hoy al revisar estos años de trabajo creemos que el incluir estos movimientos que nos sacudían, deformándonos, mutándonos… como texto a trabajar con los grupos, promovió la construcción de una nueva trama grupal institucional.

Un “entre todos” que hoy vibra de relaciones de encuentro y amistad, búsquedas y construcción colectiva de conocimientos; que produjo y produce en su obrar, grupalidades, espacios de creatividad y espontaneidad en una apuesta estética, intentos de abordaje de situaciones complejas y conflictivas, permitiéndonos, cada vez, ratificar la confianza en la potencia de lo colectivo.

En estos momentos difíciles para nuestro país, donde bajo la consigna catalizadora de malestares, hoy llamada, crisis financiera mundial, se dejan en la sombra procesos de deterioro cada vez más profundos y deshumanizantes, necesitamos seguir inventando lugares en los que tracemos y compongamos lazos para pensar y hacer con otros, nuevas configuraciones que apuesten a la promoción de la VIDA.

Referencias Bibliográficas

Multitud y principio de individuación Virno, Paolo en Cuando el verbo se hace carne, ed. Cactus y Tinta Limón, año 2004.
La estética molecular de la escena o los límites del Psicodrama, Pavlovsky Carolina, Lo grupal 8, ed. Búsqueda.
¿El arte cura?, Rolnik, Suely, Conferencia en Ciclo de Debates en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.
Capturas, transformaciones e incertidumbres, Vega, Daniel y otros en Travesías Institucionales, ed. Lugar, año 2000.
Geopolítica del Rufián, Rolnik, Suely en Micropolítica. Cartografías del Deseo, ed. Tinta Limón, año 2005.
En medio de Spinoza, Deleuze, Gilles, ed Cactus, año 2005.
La multiplicación dramática, Pavlovsky, Eduardo y Kesselman, Hernán, ed Búsqueda, año 1980.


(*)(Publicado en Cuadernos de Campo Nº 6 – Noviembre de 2008 – Ética y estética de la Escena – Publicación de Campo Grupal)

Espontaneidad colectiva

Espontaneidad grupal en las escenas psicodramáticas.

En la formación en psicodrama se habla con frecuencia de la espontaneidad como un recurso útil en la composición de escenas y en el desarrollo de los juegos dramáticos. Ser o no ser espontáneo, permitirse ser espontáneo, aprender a ser espontáneos se vuelven interrogantes comunes durante el trabajo de formación en los grupos. Pero en estos planteos ya es posible entrever los filos de una encrucijada. Entender la espontaneidad como una cualidad de la que somos portadores o potenciales portadores -previa ejercitación- sería reducir la cuestión a una instancia ontológica y meramente individual. Desde esta mirada la importancia recaería en las virtudes o falencias personales o en el cúmulo de experiencia por adquirir, a la hora de pensar las potencias creativas que se ponen en juego en los encuentros. Pero intuimos que el problema tampoco en este caso se dirime bajo la fórmula del 1+1.
Otra vía de entrada a esta problemática podría ser plantear la espontaneidad como diferentes “máquinas-entre” que pueden operar en la inmanencia del grupo. Es decir, la composición de modos colectivos que funcionan entre los miembros y ya no como una cierta cualidad del yo o los yoes allí reunidos. Serían entonces estas máquinas-entre las que producen modos singulares de estar/ habitar el espacio psicodramático siendo las mismas, definidas constantemente en el encuentro con otros. Siguiendo esta línea, en la improvisación de escenas, las “máquinas-espontaneidad” se producen a partir de aquello que pasa entre los que están participando de la dramatización y quizás también de lo que pasa entre actores y público. Es en el aquí y ahora de los encuentros, como capacidad de afectar y dejarnos afectar por los otros donde es posible aumentar nuestra potencia creativa. Salir a dramatizar espontáneamente es antes bien estar “presentes”, dejarnos afectar por los otros y por lo que está ocurriendo allí, en otras palabras, componer en el encuentro. Estar atentos a lo que vamos sintiendo, al cuerpo de nuestros compañeros, a resonar con las palabras y movimientos que nos proponen. Habitar la escena intentando estar permeables a los contactos y a los desvíos. Porque es a través de estas conexiones sensibles que un tercer cuerpo o máquina-entre puede producir líneas de espontaneidad en el grupo. Ya no se trataría de subjetividades de por sí espontáneas que se irían sumando a un todo colectivo, sino de una multiplicidad de maquinaciones que se componen “entre” y que no pueden adjudicarse a alguien en particular. En este sentido, lo que muchas veces se vivencia como un salto al vacío o un estado de caos o incertidumbre individual puede ser experimentado también como la instancia donde podemos inventar con otros nuevos recorridos en la escena. Gestos, posturas corporales, un sonido, una palabra pueden llevarnos en direcciones impensadas. “Dramatizar es echar a rodar algo, abrir una puerta, sorprender al cuerpo y desatar a la palabra”.
De igual manera ocurre en las escenas individuales durante la multiplicación dramática. Aunque salgamos solos a escena y sin una idea “clara” de lo que queremos dramatizar, es a partir de las resonancias con las escenas anteriores o simplemente la conexión con eso que estamos sintiendo en ese momento en el escenario frente a la mirada del grupo (y que era imprevisible un instante antes) lo que puede maquinar líneas inéditas y espontáneas.
Asimismo, el funcionamiento de estas máquinas supone una operatoria que involucra contagios y vecindades, son devenires intensivos en la mezcla con otros. No hay acuerdos tácitos o rápidas especulaciones interpretativas, es el cuerpo a cuerpo como co-incidencia sensible entre multiplicidades lo que puede arrastrarnos como a Alicia, del otro lado del espejo. Desde esta propuesta, la espontaneidad grupal refiere a estas composiciones pre-individuales y no-subjetivas que circulan por los trazos esbozados en la escena. Máquinas deseantes que aumentan nuestra potencia inventiva en la micropolítica de los contactos.
Las preguntas por el “ser espontáneo” como cualidad de una esencia trascendental que se tiene o se puede adquirir pierden asidero bajo esta otra imagen de pensamiento. La cuestión se plantearía en esta línea desde la posibilidad de devenir espontáneo en la conexión con otros, devenir otro en cada encuentro. Así, “entrenar” la espontaneidad estaría ligado a la capacidad de afectar y dejarnos afectar en la vivencia grupal a partir de las máquinas singulares que inventemos juntos.

Lic. Paola Gracioli

Fuente de la imagen:Flickr CC

Chamuyos

Grupo Chamuyos: Textos publicados en la Revista Campo Grupal Nº 139 y Nº 140 de Noviembre y Diciembre de 2011

(lunfardo, verbo: hablar, murmurar amorosamente)

Jornada-cierre-2010-La-MoradaUna vez por mes, los ocho, a la siesta, se encuentran en el centro de psicodrama grupal de Rosario para experimentar la escritura.

Escritura orgánica, automática, a mano alzada, sensaciones de cuerpos, la música golpea la piel, temblores musculares, que se transmiten a la punta de los dedos que chorren letras. Se componen palabras, algo se escribe.

No hay otro momento donde reflexionar, repensar, representar o resonar, es presencia de fuerzas, son como las marcas que va dejando un sismógrafo.

Marcas polifónicas, murmullos, amorosamente susurrados, chamuyos…

El tiempo

Uno se cree, la creencia que anima, porque lo sabemos lo decimos y ahora también lo creemos.
Se fueron los pibes y en Mendoza, Villavicencio estalla.
Nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.
Mis abuelos con bonetes de cumpleaños, sin dientes arriba, sonreir sin dientes, se escapan huecos por la comisura.
Atención al cliente, mucho, mucho oír… tanto ruido de tenazas. La sonrisa de tenaza.
Mi abuelo…cae a los dos pasos. Ruido de risas en el pasillo, enloquecido.
¿Si supiera de qué hablo cuando escribo?
Saber de lo que es capaz mi sombra… una ceja que se levanta un lavatorio atornillado a mi cadera, mis extremidades hasta la puerta.
¿Qué transcurrir es el de una lágrima que añora algo que no volverá?
¿Qué tic-tac es el de un amante que espera la llegada de su amor?
¿Qué sonido tiene el aroma añejo y qué gusto tiene tu ilusión por lo que vendrá?
¿De qué hablo cuando escribo?
¿De qué es capaz mi sombra?
Sentir con los ojos. Respirar por las orejas. Volar.
Volar en parapente. Volar como los pájaros. ¿Y si volando me caigo?
Cuando me caigo tomo agua (pero de manantial, no Villavicencio)
Y dudan si vivo o es un sueño,
Sueño de calesita alegre
O torpe
O loca
Que resbala su melodía
De ayer y de infancia
Y los ojos que miran
Casi sin mirar
Miran o se resbalan
¿Sobre las cosas?
Calesita del día que se anuncia noche
Destello de la herida
Calesita del revés
De olvidar y recordar
Y las olas
Escurriéndose de las pestañas
Sendero que ya nadie camina
Escribir es derramarse y al final
Que se vengan los pibes
¿Y quién viene?
Vienen los brazos, las orejas, las peras
Los toboganes, los fragmentos
¿Si supiera de qué hablo cuando escribo?
¿Si supiera de qué escribo cuando hablo?
Quiero morir de amor, pero
Morirme en tus brazos y en el
Último segundo de mi tiempo
Respirar tu dulzura escondida.
Escribir es derramarse y al final
Eso lo sabe el viento
Que golpea tamboril
Que estalla golpes de pies
Calesita de sol y otra mañana.
El viento sabe lo que se llevó
O sólo llevó lo no pudimos retener
Porque no era nuestro
¿Puede uno girar al compás del viento dando vueltas
en el carrusel de la vida?
¿O eso lo sabe el viento?
Que nos dejó la tempestad y que nos trajo la calma
¿Queríamos la calma?
Calesita de sol y otra mañana.
Porqué no subí a la calesita
Esa tarde
¿Y si me subo ahora?
¿O ya es tarde?
eso lo sabe el viento.

Laura Esteban, Laura Marchesino, Silvia Clericci, Susana Martín, María Carla Ncola, Mariano Dufour, Guillermo Martinez, Daniel Vega.

Chamuyos

Máquina tripas

19 y 20 de Diciembre del 2001, cadencias,
músicas, gritos, silencios, quedaron
en los cuerpos…,-
Ayer nomás descreía de cualquier cambio.
Ayer nomás, comenzaba la facultad
temiendo que la arancelaran, y en
medio de todo, el rock era mi refugio,
en un pub de Rosario, algo de política,
gente “del palo” – .
Ayer nomás se cruzó el amor a Europa
buscando por-venir.
Hoy, Europa está en crisis, y el amor
ha venido, diez años después.
Ayer, entre el éter del vino, aparecieron
imágenes de aquel momento histórico
y del actual. Que lo que ayer nos separó,
lo que hoy acontece nos une. Que
volví a creer en lo que descreía. Que
volví a resistir para que los devenires
devengan, para que denuncien que hay
maneras y maneras de vivir.
Y sí, nosotros los de entonces ya no
somos los mismos,
el lejos, el lejos de la infancia, de un 24
de diciembre sola con mis viejos,
Ayer nomás, el barrio y la dictadura
el ahorro, el cajero, los dólares, eran
problemas de los otros,
mi problema era esa avenida ancha y
despoblada,
La percusión de mis compañeros en mi
plexo,
Si hubiese tenido un hijo le hubiese
puesto Ernesto o Ariel,
¿Adónde van los desaparecidos, los que
no nacieron?
Ayer nomás, Dos trazos y un borrón
Y en el medio el contagio del grito
y la bronca de un diciembre.
Se rompieron los cristales porque estaba
en peligro la esperanza
y la vida
y Ambar que abre los ojos nuevos, inocente,
reconociendo el mundo
Cuánto niño nuevo en aquel diciembre?
Abrazos traidores. Gestos de hombres
de estado
Y mentiras. Los niños no entienden
Porque el rojo se escapó de los rosales,
Y tiñó las calles de sangre
A los pies de los caballos.
La ciudad perdió su rutina.Se quebraron
sus líneas, sus sonidos
Contagio, y la gente salió a la calle,vendedor
ambulante,
Trajecito y tacón y medias de lycra, los
jóvenes y los viejos
sin necesidad de clasificar
o quizás sí cuando te han clasificado,
cuando silenciaron tus gritos
cuando te han proscripto, cuando legitimaron
tu exclusión.
Cuando festejaron tu desaparición, misterio
de razones oscuras
que en la sombra eligen. Dicen que
dicen
Que por ahí se escapò la libertad
Y salieron a buscarla
Y todo era un incendio, Surcado de
caminos nuevos
Salieron a buscar los pájaros, Cansados
de los alambres
Y de las púas invisibles y diarias.
Entre represión, entre resistencias, se
inician y finalizan historias. “Sí la historia
la escriben los que cantan, eso quiere
decir que hay otras historias”.
Y usted preguntará, ¿por qué cantamos?
Para resistir, para continuar cantando
al sol como la cigarra…Razón de
vivir, mi guía. Fogata de amor, mi guía.
Cantamos canciones, cantamos historia.
“Te doy una canción y digo
Patria”…es la manera de construir creativamente
y hacer de ese nudo en la
garganta un hecho estético, o un nudo
estético.
Politizar la voz, hacerla acontecimiento.

 

 

 

Capturas, transformaciones e incertidumbres

Del libro Travesías Insitucionales. Escritos de una subjetividad impicada en el campo social. Otras Clínicas.
Lugar Editorial. 10/2000 Daniel Vega

 

Abrazo, del cartoonista Mana Neyestani

Lo planteado a continuación son figuras a medio terminar y por lo tanto a medio empezar, es decir inacabadas, imperfectas, digamos provisorias. Bocetos que se fueron autoconstruyendo a partir de líneas de pensamiento, líneas de acción que se presentaban en nuestra práctica.  Sería difícil precisar cual fue la primer línea, sería más bien un trabajo inútil.

Sería necio plantear cual será la última.

Son figuras, figurándose, transfigurándose, transformándose constantemente.

Nosotros con algunas acciones, algunos pensamientos, algunos discursos, algunos gestos, balbuceos y emociones somos gestores y partes de esas figuras. No digo que esas figuras nos representan, que representan algo de lo que decimos o hacemos, digo que somos partes de ellas y ellas partes de nosotros.

Si somos parte de esas figuras en constante movimiento y esas figuras en constante mutación partes nuestras, me pregunto entonces ¿ soportamos esa transfiguración, esa desfiguración?

¿ Soportamos ser los patos feos del psicoanálisis, los patos feos del marxismo, renunciando a las aspiraciones de devenir cisnes? .

Sabemos de la soledad  a la que nos confiscan las desfiguraciones, sabemos del lacerante señalamiento de los discursos principistas, de las trastadas de las posiciones oportunistas, y sobretodo sabemos del  dolor de  encontrarnos con los falsos amigos. No con los falsos amigos del conocimiento, no con los falsos amigos de la verdad, ni siquiera con los falsos amigos nuestros, me refiero a los falsos amigos de la vida. Esos que uno termina sabiendo que irremediablemente trabajan para otra cosa.

Intentamos ser abiertos, diferentes, tolerantes, erráticos, pero por sobretodo éticos y sensibles. Por eso nos dañan y no podemos acoplarnos, » hacer maquinas» con aquellos que trabajan para la captura, que producen la antiproducción.

Uno comienza transigiendo en las palabras y luego transige en los hechos, nos enseña Freud.  Nietzche nos advierte: quien inventa las palabras y el nombre de las cosas es el que tiene el poder.

A las preguntas no hay que contestarlas, hay que escaparles, nos recomienda Deleuze.

Enseñanzas, advertencias, recomendaciones, inclusive de las buenas, de eso esta llena nuestra cabeza.

Quien no recuerda repite y quien recuerda en exceso también, esa es la paradoja. Hazme caso, se libre. Imposible zafar.

¿No habrá otra forma de hablar, de comunicarnos, de significar, de hacer, de pensar…?

Matar al rey y  no ocupar el trono, producir y no acumular, decir sin aspiraciones de verdad.

Con estas dudas, con estos interrogantes, con estos haceres erráticos, con estas deformaciones estamos en el mundo, y estar en el  mundo no es lo mismo que existir para el mercado, aunque el mercado hoy se autodefine  mundial.

Esta confusión  puede ser fatal. Asesinatos y suicidios, colectivos y singulares, sobre la subjetividad, sobre los individuos, por clonación, por exclusión, por inanición, por angustia, brutal o silenciosamente se consuman diariamente de diferentes formas: muchas llegan a los  servicios sociales, otras al sistema sanitario médico- psicológico, otras las atiende el sistema penal.

Los males de la época se multiplican, las víctimas aumentan día a día y las explicaciones y respuestas ensayadas son cada ves más sofisticadas. Se convocan a las distintas disciplinas, se entrenan especialistas en Pobreza, en Violencia, en SIDA; en Drogadependencia, en Desempleo, etc. etc.

Se recluta a todo un ejercito de profesionales, técnicos y gente de buena voluntad  sensibilizados en el quehacer comunitario para asistir  las  dolencias de los más desgraciados  prevenirlos de males mayores e instruirlos en como sobrevivir en los márgenes ya que no han sabido como entrar ni tienen lugar en la fiesta.

Técnicamente estas preocupaciones asumen nombres tales como Programas de Promoción de la salud …., Plan Nacional de Prevención…. , Programa de Educación para la Salud…….etc.

Cómo trabajadores de la Salud, como  educadores, como psicoanalistas, cabría preguntarnos  si ante esto podemos decir  o hacer algo, ¿ Qué podemos hacer? ¿ Podemos Hacer algo? , pero sobre todo ¿ qué estamos haciendo? Y como lo estamos haciendo.

Quehacer, producción y subjetividad

Las preguntas por nuestro hacer surgen a partir de cierta disconformidad con los resultados de nuestro trabajo, de cierta frustración en relación a una posición profesional disciplinaria de una rara sensación de incomodidad que nos inquieta.

Ante esta incomodidad podemos intentar acomodarnos mejor, adecuar nuestros contornos a los accidentes del lugar, limar nuestras diferencias, modelar nuestros cuerpos para dar con la figura exigida, cumplir con el modelo.

Y el modelo exige cuerpos ( cuerpos teóricos) flacos, anoréxicos, bulímicos, sin contornos sexuados, listos para calzar y calzarse los nuevos ropajes. Preparados para inscribir sobre sus superficies los significantes y los surcos por donde circularán, y se intercambiaran potentes, competentes y exitosos o impotentes y fracasados.

Es el pacto de siempre: vender el alma al diablo para acceder a la juventud eterna.

Pero en estos tiempos regidos por las leyes del Mercado, la gran oferta de almas ha devaluado dramáticamente su precio.

Permanecer algunos días más en algún cargo público, en algún puesto  de administrador de pobrezas exige notables entregas.

Para peor ni siquiera se comercia con el  Diablo, sino con algún obscuro y modesto subdito suyo: los representantes locales de alguna Escuela Psicoanalítica Europea, el Director de un Programa de Salud Municipal, el Jefe de un Servicio Hospitalario, un Secretario Universitario y con cualquier pequeño otro encargado de verificar si estamos lo suficientemente modelados, si portamos las insignias del éxito.

Otra posibilidad es que ante esta incomodidad, ante este malestar que lleva a preguntarnos pos nuestro hacer, nos dejemos incomodar, nos permitiésemos demorarnos en la incomodidad de ser atravesados por las  complejidades y ambiguedades  de ese mundo real que habitamos.

La urgencia con que se reclama nuestra intervención, la inabarcable necesidad desde la que se nos demanda, la fragilidad del vinculo en que tal pedido se formula, exigen de nuestra práctica un  constante ejercicio de improvisación, creación e invención.

Situación que puede empujarnos, puede llevarnos, puede desembocar en «lo mejor» o «en lo peor».

Tal ves ante tanta urgencia, tanta orfandad institucional,  tanta fragilidad  conceptual, tanta necesaría improvisación, todo pase por tener algo en claro: Todo psicoanalista, todo psicólogo, todo trabajador de la salud puede improvisar, lo que no se puede improvisar es ser psicoanalista,  psicólogo o trabajador de la salud.

Esta formulación nos remite nuevamente al interrogante sobre el ser, pero sobre un ser en constante  mutación, no la pregunta por la escencia, ni por la trascendencia , sino la pregunta por ese ser en autoproducción constante, autoproducción inmanente a la producción de realidades que su práctica y su teoría producen.

Práctica y teoría que son acción, no una práctica como «bajada» de unos conceptos teóricos , ni una teoría como «subida» al cielo de los conceptos de unas acciones prácticas. Teoría y práctica como acciones productoras de realidades.

Retomar la pregunta por nuestro hacer desde esta posición, nos impone abandonar el camino que nos lleva a la reducción en su faz técnica del complejo proceso de producción inmanente en cada práctica, fragmentando el proceso y al sujeto  de este proceso.

Esa fragmentación nos hace creer, nos hace ver a ese malestar, solamente como un problema de  conocimientos, a una falla en el bagage de conocimientos., como una falla en la articulación de una teoría y su aplicación.

De esta manera el malestar se convierte en un problema técnico, relativo al saber, a un determinado tipo de saber.

Si en cambio transformamos la pregunta por la práctica, por nuestro hacer, pensándola como un proceso de producción, si en vez de preguntarnos ¿qué hacer?,  nos interrogamos  por

¿qué hacemos ser cuando hacemos?, estaríamos poniendo el acento sobre el ser, sobre el tipo de subjetividad  que  produce nuestro hacer, encontrandonos en mejores condiciones para recobrar la potencia para la creación, para la invención de lo nuevo, para la autoproducción.

Para trabajar este interrogante se propone tomar  cuatro dimensiones presentes en toda práctica. Dimensiones que se articulan de diversas maneras y que cobran distintos grados de visibilidad según el «lente» utilizado por el operador. Estas dimensiones son:

La dimensión político- ideológica, la dimensión ética, la dimensión técnica y la dimensión estética.

En toda practica, en todo discurso hay una dimensión  política- ideológica, toda acción, todo discurso, todo gesto forma parte de una estrategia en relación a objetivos y fines,  sabidos o no por el sujeto, con relación a otros sujetos u objetos, que a su vez tienen los suyas y que se oponen se complementan se articulan, construyendo una trama y generando una dinámica que lo excede y lo desborda continuamente al mismo tiempo que no deja de afectarlo. Esto es así tanto para el sujeto singular, como para los sujetos colectivos.

En toda practica hay una dimensión ética. Engarzada  en principios y valores construidos socialmente, es la marca singular e inalienable de cada sujeto proponiendo cortes y marcando limites.

En toda practica hay una dimensión teórica-técnica, es el bagage de  conocimientos  a partir de los cuales se seleccionan los métodos, se  diagraman los encuadres y se eligen las técnicas.  Bagaje que de acuerdo al grado de apertura que el mismo se permita y a la sensibilidad y flexibilidad para incorporar modificaciones a partir de la experiencia, tendrá la movilidad y la vivacidad inherentes a la producción de inteligencia, a la aventura del descubrimiento, al desafío  de la invención, o por el contrario sé rigidizará en muecas y contraseñas tribales, movimientos rituales y discursos dogmáticos que lo transformarán en un pesado  aparato teórico con el que hay que cargar, en vez de una máquina teórica que nos permita trabajar la realidad.

En toda práctica hay  una dimensión estética,  hay patrones de organización perceptual de  las formas, del espacio y del tiempo que modelan la sensibilidad produciendo diferentes grados e intensidades  de afectación ante la propia acción, sus productos y   consecuencias.

Recobrando de esta forma la complejidad de toda acción, podemos verla como un complejo proceso de producción, entendiendo toda práctica, toda práctica social como proceso de producción de subjetividad.

Del encierro disciplinario al libre control

Ahora bien si pensamos nuestra práctica como un proceso de producción, podríamos decir de producción microsocial, está a su vez esta entramada con otras y dentro de un proceso mayor macropolítico que intenta capturarla, sobrecodificarla darle sentido, apropiarcela; con el que podemos tener una relación de complementariedad, reproducción y afianzamiento, o de crítica, resistencia, fuga u  oposición.

Para pensar este proceso macropolítico  vamos a tomar una dimensión económica, una dimensión institucional, y sus efectos sobre lo cotidiano.

Podemos caracterizar que este sistema  económico  ha llegado a su maxima expansión, cubriendo hoy la casi totalidad del planeta. El modelo liberal de libre mercado esta haciendo sentir sus concecuencias en los  rincones mas recóndidos del planeta.

Guattari para referirce a este momento del desarrollo capitalista lo denomina Capitalismo Mundial Integrado, planteando que dado la maxima expansión alcanzada las necesidades del Capitalismo Mundial Integrado  no son imperiales  como en otras  épocas, en el sentido de ampliar sus fronteras anexando nuevos territorios sino  que sus esfuerzos  están centrados en los procesos de  intensificación en los espaciós que ya ha conquistado.

Las nuevas necesidades que surgen ante las modificaciones de los procesos de producción y acumulación conllevan la fragmentación y desterritorialización  de los espacios existenciales donde se jugaban los procesos de individuación de la subjetividad.

Se modifica dramáticamente el territorio existencial de millones de personas. Este proceso de desterritorialización se concreta tanto a gran escala con la desaparición y desarticulación de viejos paises, la creación de otros, la unión en bloques de diferentes naciones, como en pequeña escala con la modificación y la perdida de espacios donde se desenvuelve la vida cotidiana de la gente, desaparecen las grandes fabricas despoblándose los barrios que se construían en sus inmediaciones donde se concentraban gran cantidad de familias,  el trabajo y sus ritmos como organizador natural del tiempo, los espacios del tiempo libre, el club, los pequeños comercios, en fin se produce una alteración de los parámetros temporo-espaciales que permiten la construcción de una imagen identitária y de su proyección.

Inmanente a esta desterritorialización se van estableciendo nuevas lineas configurando geografías acordes a las necesidades actuales.

Esta re-territorialización  obedece a la lógica de la pragmática economicista a partir de la cual toda  actividad humana tiende a ser territorializada en el espacio del mercado.

El mercado adquiere así una función de semiotización, produciendo y otorgando sentidos a toda actividad humana, la cual  necesariamente debería ser recuperada económicamente.

Paralela y solidariamente con este proceso económico, estamos viviendo un cambio, una transición en los modelos de control social.

Estamos pasando de un modelo de  sociedad disciplinar donde las disciplinas y sus instituciones servían a la función de control social mediante el disciplinamiento y moldeamiento de los sujetos, a una sociedad de control y modulación subjetiva.

Este momento de recambio se caracteriza por la coexistencia y la mixtura de estos modos de  sujeción, disciplanamiento y control  produciendo  una particular forma de subjetivación.

Las instituciones de la sociedad disciplinar tenían según Foucalt la función de concentrar, repartir en  el espacio y ordenar en el tiempo. El modelación de la subjetividad se produce en espacios cerrados y en tiempos precisos: la familia, más tarde la escuela, después la fabrica, aveces el hospital y eventualmente la carcel.

Por el contrario las sociedades de control son al aire libre, los avances  tecnológicos y el desarrollo de las comunicaciones se utilizan al servicio de este control, podriamos decir que su lema es Control permanente, comunicación al instante.

No se estaría en presencia de procesos de moldeamiento de la subjetividad a través de procesos  que tomarían al sujeto desde su infancia, continuándose a lo largo de su vida en una serie de etapas, donde siempre hay una posterior a la que se acaba de terminar, donde siempre se está en situación de comienzo. sino más bién  que lo que se va produciendo es una modulación de la subjetividad en procesos discontinuos y de acuerdo a las necesidades del mercado. Aquí la sensación no es la del eterno comienzo, la de estar siempre empezando, sino que por el contrario, pareciera que nunca nada ha quedado  acabado, no finalizar nunca.

Estas mutaciones son verdaderos desmoronamientos o para ser más precisos, verdaderos desfondamientos institucionales, como lo denominan algunos autores, y  acarrean el  desfondamiento de  las subjetividades singulares ya que pierden esos espejos en los que se reflejaban y les servían como referencia identitaria.

Una manera de » surfear» por esta realidad revuelta y amenazante, y de evitar la sensación de aniquilamiento  subjetivo que esta provoca, es la desimplicación de todo compromiso intersubjetivo, la labilidad  de las relaciones, sintónica con la lógica consumista, la adhesión a identidades » pre a porter » que prometen la pertenencia , o por el contrario el refuerzo de los rasgos identitarios y el aniquilamiento de lo diferente

 

Ahora bien, si inmersos en esta realidad trabajamos, es decir, producimos y reproducimos, nos producimos y nos reproducimos, resulta necesario elucidar  la  propia implicación en este complejo proceso de producción.

Una manera de iniciar y mantener el interrogante sobre nuestra implicación podría ser el análisis permanente sobre nuestra práctica como productora de subjetividad

Los interrogantes por nuestro  quehacer como psicólogos, como psicoanalistas, como profesionales de Salud, se realizarán así sobre un eje fundamental propiciando preguntas que articulen las cuatro dimensiones de toda intervención, estableciendo una clara línea divisoria  en referencia a la cual querramos o no querramos estamos situados: con nuestra práctica que tipo de subjetividad propiciamos, trabajamos propiciando políticas, programas, abordajes, dispositivos técnicos que normaticen, disciplinaricen y objetivicen, o  por el contrario favorecemos y propiciamos estrategias que promuevan la emergencia de la singularidad, de las subjetividades procesuales, de sujetos autónomos y autogestionados. Nuestras preguntas como trabajadores, como profesionales de la salud, se entraman y abonan así a un interrogante  que anida y late en el corazón de todo pensamiento libertario : como construir una sociedad de sujetos donde la gestión de la vida sea un proceso guiado por el deseo de sus gestores.

Bibliografía

Resultaría imposible situar en que texto preciso se encuentran algunas de las ideas aquí planteadas. En el recorrido teórico realizado nos encontramos con Gilles Deleuze, René Lourau,  Suely Rolnik, Tato Pavlovsky, Felix Guattari, Marc Augé, C. Castoriadis, Michel Foucault, Emiliano Galende, J.C. De Brasi

Este escrito es la versión singular de un trabajo colectivo de reflexión permanente  sobre la tarea que viene realizando el equipo de Transferencia Tecnológica de la Cátedra segunda de Salud Pública y Salud Mental de la Fac. de Psicología UBA. Este equipo está integrado por : Pablo López, Miguel Santarelli, Gabriela Taboada y Verónica Turdó.