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Nota publicada el 16 de Junio, en el diario Página/12.

Saltar, rolar, improvisar

Un grupo de profesores y estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) creó un espacio de investigación y formación que, con diferentes prácticas y actividades, busca problematizar los “modos de implicación entre cuerpo y subjetividad” en la universidad.

Sobre una porción de un patio de cemento que han cubierto con planchas de cartón corrugado y enmarcado con cintas de peligro, un puñado de hombres y mujeres agrupados en parejas saltan, rolan, se revuelcan. Los pies desnudos a veces sobre el piso, a veces sobre el compañero o compañera, a veces cortando el aire de la noche. Los movimientos no son refinados como los del ballet ni sensuales como los de la danza contemporánea: no son necesariamente bellos, ni pretenden serlo. Aunque los estudiantes se acoden en la baranda que da al patio seco de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y observen intrigados la actividad, lo que allí ocurre no está dispuesto para ser admirado, sino para desafiar. Lo crucial del jam de contact improvisación –como denominan a esa sesión de baile colectivo– se halla al interior mismo del cuadrilátero forrado con cartón, donde los cuerpos se entregan al fluir del movimiento conjunto, se conectan y de esa comunión surge una tercera entidad que desafía con su potencia la lógica hegemónica de la universidad: las relaciones de dominación, el individualismo, la primacía de la razón.

Motivados por una serie de experiencias autogestivas desarrolladas en la UBA a partir de los años ’90, un grupo de profesores y estudiantes de Ciencias de la Comunicación decidió avanzar en la construcción de un espacio de investigación y formación en el que fuera posible problematizar la academia y recuperar discusiones tradicionalmente relegadas. Pretendían, especialmente, pensar la relación entre cuerpo y comunicación y los “modos posibles de implicación entre cuerpo y subjetividad” y dar un marco a la multiplicidad de prácticas y experiencias que ya se estaban gestando en este sentido. Así nació el Area de Cuerpo y Comunicación, de convocatoria abierta, que comenzó a funcionar en 2014 en el ámbito de la Facultad de Ciencias Sociales.

Desde que Platón separó, 400 años antes de Cristo, el alma del cuerpo y definió a éste como su cárcel, es posible tender toda una línea de pensamiento que entiende al cuerpo como simple materia, como anatomía vacía que por eso puede ser estudiada como cualquier objeto, a partir de un cadáver. “Hay toda una tradición racionalista que tiene que ver con dejar de lado problemáticas que se relacionan con la corporalidad. No sólo en la academia, sino en las lógicas sociales mismas. Nuestro propio lenguaje es racionalista y dualista, por lo que se hace difícil incluso hablar del cuerpo”, explicó Mariela Singer, licenciada en Ciencias de la Comunicación y una de las coordinadoras del área. “Nosotros venimos pensando al cuerpo sin intención de llegar a una definición. Está bueno dejarlo como un problema que no cierre y volver a repreguntarlo. Pero yo diría que es un modo otro de pensar la subjetividad; el modo de intervenir en la subjetividad singular y colectiva que se opone a la noción de individuo”, agregó, expresando su interés por bucear en problemáticas algo escurridizas.

Una segunda motivación que impulsó la creación del área fue generar otros modos de habitar la universidad y otras relaciones posibles en los ámbitos académicos. “La producción de conocimiento es una relación entre sujetos, o entre cuerpos, y habitar de otro modo el espacio tiene que ver con proponer alternativas a la que suele ser la única manera de intervenir sobre la normalidad: interrumpirla o continuarla”, resumió Singer, y tomó como ejemplo las medidas de fuerza con las que habitualmente se manifiesta la crítica –tomas, paros–, que se disuelven una vez alcanzado un acuerdo sin enraizar en lógicas de transformación.

Ese intento de plantear nuevos modos de habitar la facultad se vio explícitamente plasmado en los tres jams de contact improvisación que el área organizó el año pasado en el patio de Sociales. El contact improvisación es una corriente de danza nacida en los ’70, en Estados Unidos, que se basa en la improvisación colectiva a partir del contacto intercorporal. “Si te abstraés de que eso es una danza, lo que hay ahí son cuerpos que están explorando entre sí, con relaciones que salen de las relaciones de dominación para poder bailar. Tiene que ver con escucha y con posesión no de uno ni de otro, sino de lo que se genera ‘entre’. Es una forma de pensar la comunicación también, en el sentido de un encuentro entre cuerpos que compone algo más potente y no de las lógicas que en general rigen lo académico, que son lógicas de competencia, de sometimiento, de educar para obedecer, de juicio, de mérito”, dijo Singer. Por su dimensión explícitamente corporal, los jams son la forma más evidente de los intentos del área por proponer alternativas a la normalidad universitaria, aunque ese fin puede ser tentado de múltiples maneras. Dentro del área se impulsan actividades de diferente tipo, como espacios de lectura, de escritura, exposiciones, charlas abiertas o jornadas de danza y discusión, todas ellas pensadas desde lógicas más horizontales y guiadas por inquietudes particulares. “Creemos mucho en esto que estamos haciendo y realmente nos parece algo circular en la academia –concluyó Singer–. Confiamos en que hay otros encuentros entre cuerpos que son absolutamente potentes y que son un atajo en términos de intervenir en la subjetividad.”

Informe: Delfina Torres Cabreros.

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